viernes, 1 de mayo de 2020

Cuarentena

La cuarentena nos está permitiendo reconocer cuánto nos falta de consciencia planetaria, creamos una cultura individualista y somos su creación, nos fuimos acostumbrando a justificar la sobrevaloración que hicimos de la individualidad al punto que no vemos que esa sobrevaloración atenta contra la consciencia de unidad, unidad que manejamos como un concepto porque no lo sentimos.

La desconexión con nosotros mismos es lo que tenemos que reparar, sólo la experiencia del Ser nos puede devolver la integridad que nos falta, porque si no nos sentimos en unidad con nosotros mismos, no nos sentimos en unidad entre nosotrxs. Históricamente hemos necesitado un conflicto o una amenaza para sentirnos en unidad, con la familia o con la humanidad, hoy la vida nos desafía con un conflicto que llama a la unidad planetaria y a la unidad con lo sagrado.

Todavía hay resistencia, queremos entender qué pasó, quién es responsable, cómo vamos a resolver nuestra economía y nuestros derechos, quizás las preguntas no estén mal pero el orden en que nos las hacemos tiene que ser otro. El hábito de estar atrapadxs en querer tener razón nos hace seguir pensando en cómo sostener lo conocido y cómo volver a lo que reconocemos como nuestra identidad.

Nuestra identidad se apoya en el pasado, en lo que ya hicimos y este momento nos da la posibilidad de recontratar, de reinventarnos, no quiere decir que todo tiene que cambiar sin rescatar muchas expresiones valiosas que hemos generado, pero podemos aprender. Para poder aprender revisemos el Dar y el Recibir, unidad indisoluble que nunca tenemos que jugar por separado para que el Tomar mantenga su equilibrio y la capacidad de aprender se potencie.

La conciencia colectiva humana es parte de la consciencia planetaria, por eso aprender y disfrutar de la naturaleza nos repara porque nos amplifica la consciencia individual en consciencia planetaria. Nos resulta más fácil reconocer lo sagrado en la naturaleza y al mismo tiempo no nos sentimos parte de ella, porque por hábito cultural nos sentimos por arriba de ella y eso es por afuera.

Aprendemos a experimentar la divinidad sintiéndola, resueno y amplifico aquello con lo que entro en contacto, el cielo, el agua, el alimento, los seres que tengo cerca, los amores, los que están de este o del otro lado de la linea de la vida. Me encuentro ahí, tan yo en ellxs como yo en mi misma y naturalmente un día me doy cuenta que puedo entrar en unidad con el miedo, con el dolor, con la tristeza y cuando estoy en unidad no me diferencio, no hay rechazo, sólo integración, sólo gratitud.




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