Tres aspectos que, al ser conscientizados, mejoran y evitan desarmonías en la relación con los demás.
La intensidad proviene de nuestra riqueza interna, podemos dejar que se exprese o no.
La velocidad necesita del otro como referencia, por eso sentimos muchas veces que la velocidad nos la da el afuera.
La profundidad es la elección individual desde donde miramos la vida.
Cuando disfrutamos del trabajo interno, de bucear en nuestra profundidad, activamos nuestra capacidad alquímica, eso nos permite transformar la personalidad con el conocimiento del Ser. Es tan fascinante el descubrimiento interno que muchas veces vamos desatendiendo qué y cómo compartimos lo que vamos reconociendo en ése descubrir.
Nuestro impulso evolutivo hace que nos mantengamos en la profundidad de nosotros mismos creciendo, puliendo, cambiando, pero si no salimos y nos relacionamos con otros para ver el proceso que hicimos, no nos vemos, no reconocemos lo nuevo, no valoramos la transformación, ni la enriquecemos con otras miradas.
Otras veces la elección de vivir en la profundidad nos mantiene muy solos y si llevamos a alguien que está acostumbrado a manejar su emocional en aguas menos profundas, en la profundidad se ahoga o huye. Los grupos de pertenencia se forman compartiendo la profundidad con la que vivimos aunque no siempre reflexionemos conscientemente en ello.
Si jugamos todo el tiempo a la velocidad de los otros para sentirnos aparentemente integrados, nos salimos del propio ritmo, eso es lo que llamamos estrés, el resultado de una gran falta de respeto a nosotros mismos, falta de respeto muy aceptada socialmente en función de la búsqueda de éxitos parciales en nuestra vida.
Pero si nos frenamos o negamos a ir a la velocidad de los demás, para no sentirnos manada, somos una piedra en el camino del proceso colectivo a la que empujan o contra la que se chocan, dependiendo de la intensidad.
Si nos llevamos muy bien con la intensidad, si la alimentamos con trabajo interno pero no regulamos lo que mostramos o expresamos, podemos asustar, puede que no seamos fáciles de seguir o entender, también puede pasar que no podamos compartir mucho lo que tiene sentido para nosotros, que subestimemos al otro o nos posicionemos en un lugar autoritario. El mecanismo inconsciente para evitar estos inconvenientes es temer o negar la propia intensidad.
Qué estás eligiendo para relacionarte sin esfuerzo?
Cuáles son tus fortalezas para que la relación con los demás fluya?
Estás pudiendo comunicar la integración que estas creando entre tu Ser y tu personalidad?
Desarrollemos conscientemente inteligencia emocional, es la única manera de transformar y no esconder
la torpeza emocional que se expresa en nuestras relaciones.
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