Limpiemos la separación conceptual y represiva que hemos creado entre energía sexual y energía creativa.
Ahora llevemos esa energía renovada y la concentremos en el corazón.
Limpiemos la necesidad de que la expresión de nuestra creatividad tenga una forma determinada o sirva para algo.
Le demos permiso para que se exprese simplemente como un estado a través de cada partícula del cuerpo.
Aprendamos a sostener esa intensidad, porque ahí está lo nuevo.
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